El ínclito Pedro Antonio Sánchez anda pregonando que en
100 días ha cumplido el 90% de sus compromisos con la Región –no se
entiende entonces por qué están tan preocupados en su partido con el
techo de gasto o para qué hacen falta legislaturas de cuatro larguísimos
años si en poco más de cuatro meses se puede cumplir un programa
electoral-.
Pretende PAS confundir a los murcianos
dando por hechos lo que no son más que promesas. No sé si a estas
alturas de la película alguien en la Región todavía es capaz de tomarse
en serio nada relacionado con Corvera, la Paramount, Contentpolis,
Portmán o el agua… Quienes, sin duda, están entrenados para no caer en
estas trampas son los vecinos de La Unión, una mueca de incredulidad e
indiferencia debe de haber atravesado sus rostros al ver al PP anunciar
sobre una foto de la amarillenta bahía de Portmán: “Volveremos a
disfrutar del tesoro de Portmán. 60 millones de euros y 200 empleos para
regenerar la bahía de Portmán”.
Desde que se iniciasen los vertidos en 1959, y en 1969
la Dirección General de Costas eximiese a Peñarroya de dragar la bahía
para evitar su paulatina colmatación, los anuncios de planes de
desarrollo y regeneración han sido innumerables, casi siempre unidos a
proyectos abiertamente rechazados por la población y desde el fin de la
minería en 1991 curiosamente planteados cerca de citas electorales:
recalificaciones de terrenos con ratios indecentes de edificabilidad,
uso de los estériles para rellenar la dársena de Escombreras, sellado y
construcción sobre la bahía sin trabajos de recuperación, construcción
de una dársena de contenedores en El Gorguel…
La lista de promesas –o amenazas– es tan larga que en 2009 Ginés Guerrero, entonces presidente de la Liga de Vecinos de Portmán ,
resumió magistralmente el estado de ánimo de este pueblo al preguntarse
en declaraciones a la prensa si “lo que están haciendo con el pueblo es
un estudio sociológico sobre cuánto puede aguantar el ser humano”.
El “estudio sociológico” llegó probablemente a la cumbre
de lo absurdo cuando en 2012 parte del expediente del concurso de
adjudicación de las obras de regeneración desapareció del Ministerio y
se hizo inevitable volver a convocarlo. En el interregno, el último
gobierno Valcárcel recibió con alegría berlanguiana el proyecto de Aria
S.L. Esta compañía alemana pretendía explotar la magnetita presente en
los estériles que colmatan la bahía y en seis años devolverla a su
estado original. Mr. Aria acabó resultando un completo farsante, su
empresa suspendió pagos en agosto de 2014 y él fue detenido por estafa
dos meses después.
Hace pocos días era noticia que 13
empresas han presentado ofertas y que las obras de regeneración se
adjudicarán –¡oh, casualidad!– a final de año para comenzar
“inmediatamente”. En esta ocasión el proyecto planea recuperar
aproximadamente el 50% de la bahía y construir un puerto con 815 amarres
de los que sólo 171 serían para usos tradicionales, primando un modelo
turístico de gran impacto al que los vecinos de Portmán se han opuesto
repetidamente.
Y es que parece que ningún Gobierno
Regional y casi ningún Ministerio de Medio Ambiente han sido conscientes
de que la regeneración de la bahía de Portmán es, más allá de su
componente ambiental, un caso de justicia histórica por el que debe ser
compensado un pueblo explotado de forma neocolonial con la bendición de
los poderes del Estado. Pero aún más grave es que no sean conscientes de
la enorme oportunidad que desaprovechan una y otra vez: en Portmán se
podría poner en marcha un proyecto de desarrollo innovador, sostenible y
en gran medida autogestionado, aprovechando un tejido asociativo y una
conciencia socio-ambiental única en la zona.
Los
vecinos de Portmán han demostrado sobradamente que quieren un futuro
para su pueblo; cientos de protestas, acciones reivindicativas y arenas
vertidas desde el Ayuntamiento de La Unión hasta el Congreso de los
Diputados lo avalan, pero quieren ser ellos quienes decidan cómo debe
ser ese futuro y con insistencia han pedido que no se parezca a La Manga
ni al fracasado mundo Polaris, sino que se base en la recuperación de
los usos pesqueros tradicionales, el medio ambiente y un turismo de baja
intensidad, una fórmula que en definitiva ponga los recursos de la
comunidad al servicio de la comunidad, una fórmula que desgraciadamente
parece que sigue sin interesar a quienes gobiernan.