jueves, 12 de noviembre de 2015

Promesas que nadie cree

El ínclito Pedro Antonio Sánchez anda pregonando que en 100 días ha cumplido el 90% de sus compromisos con la Región –no se entiende entonces por qué están tan preocupados en su partido con el techo de gasto o para qué hacen falta legislaturas de cuatro larguísimos años si en poco más de cuatro meses se puede cumplir un programa electoral-.
Pretende PAS confundir a los murcianos dando por hechos lo que no son más que promesas. No sé si a estas alturas de la película alguien en la Región todavía es capaz de tomarse en serio nada relacionado con Corvera, la Paramount, Contentpolis, Portmán o el agua… Quienes, sin duda, están entrenados para no caer en estas trampas son los vecinos de La Unión, una mueca de incredulidad e indiferencia debe de haber atravesado sus rostros al ver al PP anunciar sobre una foto de la amarillenta bahía de Portmán: “Volveremos a disfrutar del tesoro de Portmán. 60 millones de euros y 200 empleos para regenerar la bahía de Portmán”.
Desde que se iniciasen los vertidos en 1959, y en 1969 la Dirección General de Costas eximiese a Peñarroya de dragar la bahía para evitar su paulatina colmatación, los anuncios de planes de desarrollo y regeneración han sido innumerables, casi siempre unidos a proyectos abiertamente rechazados por la población y desde el fin de la minería en 1991 curiosamente planteados cerca de citas electorales: recalificaciones de terrenos con ratios indecentes de edificabilidad, uso de los estériles para rellenar la dársena de Escombreras, sellado y construcción sobre la bahía sin trabajos de recuperación, construcción de una dársena de contenedores en El Gorguel…
La lista de promesas –o amenazas– es tan larga que en 2009 Ginés Guerrero, entonces presidente de la Liga de Vecinos de Portmán , resumió magistralmente el estado de ánimo de este pueblo al preguntarse en declaraciones a la prensa si “lo que están haciendo con el pueblo es un estudio sociológico sobre cuánto puede aguantar el ser humano”.
El “estudio sociológico” llegó probablemente a la cumbre de lo absurdo cuando en 2012 parte del expediente del concurso de adjudicación de las obras de regeneración desapareció del Ministerio y se hizo inevitable volver a convocarlo. En el interregno, el último gobierno Valcárcel recibió con alegría berlanguiana el proyecto de Aria S.L. Esta compañía alemana pretendía explotar la magnetita presente en los estériles que colmatan la bahía y en seis años devolverla a su estado original. Mr. Aria acabó resultando un completo farsante, su empresa suspendió pagos en agosto de 2014 y él fue detenido por estafa dos meses después.
Hace pocos días era noticia que 13 empresas han presentado ofertas y que las obras de regeneración se adjudicarán –¡oh, casualidad!– a final de año para comenzar “inmediatamente”. En esta ocasión el proyecto planea recuperar aproximadamente el 50% de la bahía y construir un puerto con 815 amarres de los que sólo 171 serían para usos tradicionales, primando un modelo turístico de gran impacto al que los vecinos de Portmán se han opuesto repetidamente.
Y es que parece que ningún Gobierno Regional y casi ningún Ministerio de Medio Ambiente han sido conscientes de que la regeneración de la bahía de Portmán es, más allá de su componente ambiental, un caso de justicia histórica por el que debe ser compensado un pueblo explotado de forma neocolonial con la bendición de los poderes del Estado. Pero aún más grave es que no sean conscientes de la enorme oportunidad que desaprovechan una y otra vez: en Portmán se podría poner en marcha un proyecto de desarrollo innovador, sostenible y en gran medida autogestionado, aprovechando un tejido asociativo y una conciencia socio-ambiental única en la zona.
Los vecinos de Portmán han demostrado sobradamente que quieren un futuro para su pueblo; cientos de protestas, acciones reivindicativas y arenas vertidas desde el Ayuntamiento de La Unión hasta el Congreso de los Diputados lo avalan, pero quieren ser ellos quienes decidan cómo debe ser ese futuro y con insistencia han pedido que no se parezca a La Manga ni al fracasado mundo Polaris, sino que se base en la recuperación de los usos pesqueros tradicionales, el medio ambiente y un turismo de baja intensidad, una fórmula que en definitiva ponga los recursos de la comunidad al servicio de la comunidad, una fórmula que desgraciadamente parece que sigue sin interesar a quienes gobiernan.

Contra la equidistancia: memoria y dignidad

El jueves 21 de octubre el ayuntamiento de Torre Pacheco aprobó por unanimidad honrar la memoria de quien fuera su primer alcalde durante la II República, Don Bibiano Perona Ruiz, fusilado el 8 de noviembre de 1939 tras la entrada de las tropas franquistas en Cartagena. El Pleno municipal, en presencia de un sobrino nieto de Bibiano, decidió que un espacio público importante lleve el nombre “Alcalde Bibiano Perona”.
Ante la aparente unanimidad reconociendo la necesidad de hacer un poco de justicia histórica con quien defendió los derechos laborales de los jornaleros, pero también la necesidad de aguas de riego para el municipio, y acabó fusilado por la barbarie fascista por su relevante papel en la defensa de la legalidad republicana y sus ideales, lo cierto es que los portavoces de algunos grupos y la propia alcaldía jugaron a una equidistancia sonrojante e incluso plantearon comparaciones absolutamente inapropiadas.
Los portavoces de la derecha política y sociológica, C's, PI y PP, justificaron su apoyo argumentando que cualquier alcalde que hubiese luchado por los intereses del municipio merecía un homenaje de este tipo “sin importar su ideología”. Su intención era dejar claro que todos los alcaldes franquistas son también susceptibles de recibir algún tipo de reconocimiento -varios ya lo tienen, algunos desde hace mucho tiempo-, quitando, por tanto, importancia a este. Desempolvaron para ello un olvidado acuerdo plenario que otra vez equidistantemente proponía dar el nombre de todos los alcaldes del municipio a alguna calle o espacio público.
Incluso reconociendo posibles aportaciones de los alcaldes franquistas, se nos antoja insultante poner al mismo nivel a quienes sirvieron y colaboraron con un régimen fascista, dando cobertura y apoyo a la represión, al control de toda posible disidencia y a la construcción de la distopía nacional-católica, con aquellos otros que como Bibiano Perona, Luis Martín Fuster o Prudencio López fueron elegidos democráticamente y defendieron hasta las últimas consecuencias los derechos de sus vecinos y la democracia frente a la barbarie.
Pero la comparación más llamativa fue la articulada por la alcaldesa Fina Marín Otón, que aprovechando que el Pleno tuvo que dar su beneplácito a la reincorporación a la abogacía del anterior alcalde Daniel García Madrid -condenado por adjudicar contratos a dedo y a la espera de juicio por el caso Camelot- volvió a lanzar la idea de que todos los alcaldes han dejado su legado al municipio y merecen el respeto del pueblo. Tal vez adelantándose a su propio final prefirió no dar importancia a que el legado sea un municipio a la cabeza del país en casas vacías, en los primeros puestos de deuda municipal, epicentro regional de la especulación y la corrupción urbanística y donde demasiadas decisiones se han tomado a golpe de dedo mágico.
En cualquier caso, la aprobación de este reconocimiento a quien fuera maestro y alcalde republicano de Torre Pacheco debería suponer la inauguración de un nuevo periodo en el municipio, el fin paulatino del oscurantismo y la sumisión casi medieval a los poderes locales -el viejo caciquismo agrícola y el moderno caciquismo del ladrillo- para, siguiendo las enseñanzas del maestro Don Bibiano, recuperar una cultura de dignidad y lucha por los derechos sociales, culturales y económicos de todos los vecinos.